Nada que celebrar

Ayer fue fiesta nacional. El día 6 de Diciembre todos los españoles celebramos el cumpleaños de nuestra constitución. O al menos eso escuche en la televisión y en la radio, aunque me surgen algunas dudas… ¿”todos los españoles”? ¿”nuestra constitución”? Veamos…

Hagamos algunos números, para ello basta con tener los datos del referéndum de 1.978, consultar la página web del Instituto Nacional de Estadística, y algo de matemática básica:

  1. El número de personas llamadas a votar la constitución allá por 1.978 fue de 26.632.180.
  2. De ellas, fueron a votar el 67%: 17.873.271.
  3. Y votaron el 59%: 15.706.078.
  4. Teniendo en cuenta que la votación se produjo hace 33 años, con el cambio poblacional que esto supone, hoy en día en España quedan (aproximadamente) 15.621.879 de personas que tuvieron derecho a voto allá por el 78.
  5. Por lo tanto, si aplicamos la proporción del punto 3 a la gente calculada en el punto 4, resulta que hoy en día en España quedan (aproximadamente) 9.212.856 personas que votaron Sí a la constitución.

Esos nueve millones de votantes de la constitución, suponen hoy en día un 20% de la población total, y un 37% de la población con derecho a voto. Por lo tanto, el 63% de los súbditos de Juan Carlos I con derecho a voto no han tenido oportunidad de decidir si querían serlo o no, por poner un ejemplo. *

Dejando aparte los números, pensemos ahora en la aplicación real del texto. Al parecer, todos hemos asumidos a lo largo del tiempo que la constitución es un texto algo etéreo, en la que se establecen cosas que se deben cumplir (como la monarquía) y cosas que se pueden pasar por alto (como el artículo 47 que habla del derecho a la vivienda).

Veamos este ejemplo de pantomima constitucional que llaman derecho a la vivienda, el texto literal es:

Artículo 47.

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

¿Por qué todos los españoles (incluyendo el 80% que no votó “Sí” a la constitución) tienen que aguantar ser súbditos de un señor al que llaman rey; pagarle la vidorra con parte de sus sueldos y, para más inri en mi caso, firmar una promesa de lealtad hacia su persona para acceder a un puesto de trabajo (público); y sin embargo la administración puede pasarse por alto el artículo 47?

Resulta difícil responder, pero parece que la única respuesta es que la constitución es sagrada e inmutable para algunas cosas, y opcional e irrisoria para otras.

Otro aspecto curioso sobre esta constitución es lo inmutable que es, ¿recuerdan que todo el mundo estaba a favor de acabar con la Ley Sálica, pero no era posible porque cambiar la constitución es una tarea casi imposible? Yo sí, y por eso no quepo en mí de asombro cuando me entero que en realidad se puede modificar la constitución en apenas una semana, sin referéndum ni debate social.

Ningún dirigente, ni del PP ni del PSOE se planteó nunca modificar la constitución para acabar con una ley antigua e injusta, además de machista y deplorable. Sin embargo son capaces de cambiar un artículo a petición de los dirigentes europeos (Sarkozy y Merkel) a sabiendas de que el pueblo está en contra.

De hecho basta con observar cómo se ha modificado la constitución para darnos cuenta de que se ha hecho “por los mercados, pero sin el pueblo”, para argumentar esta idea pensemos en lo siguiente:

En primer lugar, no se ha sometido a referéndum. ¿Qué motivo existe para no someterlo a referéndum? El primero que se nos ocurre es muy sencillo, miedo a perder. Pero ¿cuál es el motivo oficial? En realidad no queda muy claro, más allá de que había una prisa enorme por aprobar esta medida. ¿Pero acaso esa prisa es real? La mayoría de países europeos no tienen esta reforma, además, después de la modificación de la constitución no hubo ningún efecto beneficioso sobre nuestro país, la prima de riesgo, por ejemplo, no bajó, de hecho poco después de la modificación alcanzó máximos históricos. Además, esta modificación de la constitución no supone ningún cambio real sin la creación de leyes que den cuerpo a la reforma planteada, leyes que a día de hoy todavía no han sido aprobadas, por lo tanto ¿dónde está la prisa? ¿Tiene sentido correr a toda velocidad para llegar a un punto intermedio, que no cambia nada y que necesita de nuevos requisitos para ser operativo? No, no lo tiene, sin embargo las prisas del PPSOE estaban más que justificadas, veamos por qué:

La reforma constitucional la aprobó el congreso constituido en las elecciones de 2.008, un congreso caduco que ya no representaba la intención de voto de los españoles. La ley fue promovida por la suma de PP y PSOE (PPSOE, para muchos). Éstos sumaban en Octubre de 2.011 un total de 323 escaños, un 92% de la cámara. Sin embargo, apenas dos meses después, la suma PPSOE dispone de 296 diputados, un 84%. Una vez disponemos de estos datos ya sólo nos falta una información más para comprender las prisas de nuestros “gobernantes”: Si un 10% de los diputados lo solicitan, la reforma constitucional debe ser sometida a referéndum vinculante.

Por lo tanto, la bajada de escaños del PPSOE del 92% al 84% supone un cambio transcendental, ya que pese a seguir disponiendo de diputados suficientes para aprobar la reforma, en el primer caso pueden hacerlo sin consulta popular, mientras que en el segundo caso los diputados que no están a favor de esta modificación (o de la forma en que se ha llevado a cabo) pueden exigir que sea sometida a referéndum.

Por lo tanto el PPSOE cambió la constitución con prisas, en un congreso caduco e irreal, a sabiendas de que el pueblo no estaría a favor, es más, encargándose de que el pueblo no pudiera echar abajo la reforma.

¿Tiene esto algún sentido?

¿Acaso no era esta una oportunidad excepcional para pedir a la gente que revalidara su constitución?

¿Acaso importa algo la gente?

Resumiendo:

  • Tenemos una constitución que, de partida, sólo ha sido aprobada por el 20% de la población actual (37% de los votantes).
  • Es claramente incumplida en puntos fundamentales como el artículo 47 que habla del derecho a la vivienda: legislar para evitar la especulación.
  • Y que, para más inri, ha sido modificada a sabiendas de que el pueblo estaba en contra, para mayor satisfacción de los “mercados”.

Así que de la fiesta de ayer opino más o menos lo mismo que de las que vienen de la religión:

“Nada que celebrar”.

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3 respuestas a Nada que celebrar

  1. tagore84 dijo:

    * Editado para corregir los datos del porcentaje final gracias a un comentario de Gonzalo, que agradezco enormemente.

  2. yagoi dijo:

    Aunque estoy de acuerdo con lo que expones, tus argumentos se pueden echar en tu contra. Como tu mismo dices, un 90% del parlamento formado en el 2008 es PPSOE, y son los que han aprobado el cambio de la constitución, por lo tanto es un cambio que (inderectamente y aproximadamente) esta respaldado por el 90% de los que votaron en 2008. Esto supongo que se traduce en mas del 50% de los españoles actuales con derecho a voto.

    • tagore84 dijo:

      Cierto, pero habría que matizar dos cosas importantes:

      1º El 90% de escaños conseguidos por PPSOE en 2.008 no equivale al 90% del voto. Equivale al 83% de los ciudadanos que decidieron ir a votar (por la ley electoral no proporcional que tenemos) y a sólo el 60% de los ciudadanos con derecho a voto (por la abstención).

      2º Teniendo en cuenta que ninguno de los “dos” partidos (PP y PSOE) llevaba en su programa electoral nada sobre la reforma constitucional, ¿puede decirse que haberles votado proporciona legitimidad a dicha reforma? Yo creo que no, salvo que consideremos que votar es otorgar un cheque en blanco por cuatro años, todas las decisiones tomadas fuera de su programa electoral no obtienen ninguna legitimidad de las urnas.

      Aún así es innegable que existe una masa enorme de gente que vota cada cuatro años al PPSOE, y es totalmente respetable, aunque no lo comparto.

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