Un buen candidato

La sociedad cambia cada día, y es lógico pensar que la política debe hacerlo con ella. Por eso, un político actual de gran talla, que aspire a la presidencia del gobierno de un país, debe tener unas características diferentes a lo que se hubiera esperado hace años, décadas, o incluso, hablando de otros sistemas de gobierno, siglos.

Pero ¿qué características debe tener hoy en día un buen candidato?

En primer lugar, hoy en día es muy importante no meter la pata. Es mucho más rentable no decir nada interesante sin equivocaciones, que dar una auténtica lección durante una hora, cometiendo algún gazapo. Hay que tener en cuenta que sólo importa lo que sale en los medios, y parece claro que en la segunda situación sólo saldría el gazapo, con independencia de todo lo bueno que se haya dicho antes o después.

No hay muchas cosas realmente importantes, pero una de ellas sin duda es el fútbol. Da igual que el país sea rescatado o no, da lo mismo si un incendio arrasa media Galicia, o si la costa mediterránea parece el apartado de la caja del Monopoli donde se guardan las casas… Si cualquiera de estas cosas ocurren durante un Madrid-Barca, o durante un mundial…

Decían que la religión es el opio del pueblo, pero los tiempos cambian y hay que sacar drogas nuevas… Drogas que enganchen a la gente, le roben su tiempo, la entretengan, y si de paso se consigue que desfogue por ahí su naturaleza discrepante, si conseguimos que la discusión y el debate se centre en ello (y no mire a puntos más aburridos como la política…) pues mucho mejor. Así que no cabe duda de que un buen candidato será un entendido y apasionado del fútbol.

Las ideologías son del siglo pasado. La lucha de clases terminó, y los conceptos de izquierda y derecha están trasnochados. Lo importante es generar confianza, entender a los mercados, saber generar empleo… y eso no se consigue con ideología, sino haciendo lo que se debe hacer. Así que como buen candidato no debes perder el tiempo en la ideología, en los principios, ni en otras chorradas. Tú eres de centro, y tus políticas no son ni de izquierdas ni de derechas, son buenas.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente y haya leído los dos párrafos anteriores sabrá la respuesta a la endiablada pregunta de algún periodista molesto: ¿qué periódico/s lees? Por supuesto, la respuesta es: El Marca. O como mucho, el Marca y el As.

Conocen aquello de: “Se dobla pero no se rompe…” Pues debe ser toda una filosofía de vida para el buen candidato. Un buen candidato se adapta a las situaciones con impasible entereza, y puede repetir una cosa y la contraria justo al instante siguiente.

El largo plazo es un error, un engaño de la imaginación juguetona del ser humano. Lo importante es el ahora, el presente. Si hoy hay que decir verde, pues se dice verde. ¿Y qué ocurre si mañana hay que decir azul? Absolutamente nada, se dice azul, y punto. No confundir con decir algo del estilo de: – “Perdón, antes me equivoque, era azul…” No señor. Un buen candidato no se equivoca, un buen candidato dice azul, y lo dice con la convicción que sólo puede tener el que ha pensado azul desde siempre, bueno, esa, o la del buen candidato.

Esto último es importante, pero más importante aún es no decir ni verde ni azul, y no es fácil. Un candidato debe hablar durante horas, salir en televisión, dar ruedas de prensa, mítines… Y cuando se habla tanto se corre el riesgo de decir algo. Pero un buen candidato debe esquivar este riesgo, debe ser capaz de hablar durante horas y no decir nada. Al fin y al cabo, ¿qué vas a decir? Lo más seguro es que si hablas sea para meter la pata, o tener que rectificarlo mañana, así que hablen los demás, que se equivoquen y queden en evidencia, tú no cometas ese error.

Antes se dijo que no se debe tener ideología, pero esto no es cierto, al menos no exactamente. Tú ideología es el sentido común. ¿Acaso existe alguna mejor?

Cómo debe solucionarse el paro, generando empleo; cómo deben hacerse los presupuestos, pues bien, ajustados y sin hacer recortes; cómo se mejora la educación, haciéndola más eficiente; ¿seguimos?

Y por último, lo más importante, lo fundamental, aquello sin lo que jamás podrás ser un buen candidato… Hay que ser obediente. Muy obediente. En la película de Los Simpsons Schwarzenegger dice algo así como: “Me eligieron para mandar, no para leer…” Bien, pues a ti te eligieron para gobernar, no para decidir. Tu misión es aplicar las medidas, no decidirlas. Tú obedece, y hazlo rápido, porque cualquier titubeo se convierte en nerviosismo de los mercados, y créeme, no quieres que eso ocurra…

Como candidato y futuro presidente debes lealtad a quien te ha puesto ahí, así que obedece. Los mercados esperan lo mejor de ti, tu mejor cara cuando les digas a los pringaos de turno que se aprieten el cinturón porque los que mandan lo dicen, no les puedes fallar… ¿Sabes lo que le paso al último que les fallo, no? Pues ya sabes… Obedece.

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Una respuesta a Un buen candidato

  1. juan josé pozo moreno dijo:

    Según Ludwig Wittgenstein, de lo que no se puede hablar (o no nos conviene) mejor es callarse.

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