Los de la play y los domesticados

Desde hace algún tiempo se está produciendo un nuevo debate en las plazas y redes del 15M, ¿qué actitud debemos tener ante los sindicatos?

Existen diversas posturas, aunque la más repetida desde el 15M es la indignación ante la pasividad de los sindicatos.

Por su parte, los sindicatos también tendrán su postura frente al 15M, como ejemplo un twiter de CCOO felicitaba a los del 15M por, literalmente: “dejar de jugar a la play y salir a la calle”. En ese mismo tweet se advertía de que ellos (los sindicatos) llevaban en la calle ya muchos años, desde antes de la muerte del dictador (dictador, con permiso de la RAH).

Tweet de CCOO

Tweet de CCOO en respuesta a otro de @acampadasol donde se daba, irónicamente, la bienvenida a los sindicatos.

Por lo tanto ¿quién lleva razón?, ¿son los sindicatos un grupo acomodado que sólo sirve para canalizar de forma segura para el Sistema la ira de los trabajadores? ¿Es la generación de la play (base del 15M) muy presuntuosa por creerse la dueña de la calle llevando tan poco tiempo?

No es una cuestión difícil, pero sí que es muy importante, al fin y al cabo, tanto el 15M como los sindicatos son dos fuerzas de movilización importantes, y sería una pena tener que prescindir de alguna de ellas para responder al contundente ataque que están llevando a cabo los mercados hoy en días.

Respecto a la crítica que hacen los sindicatos del 15M, creo que llevan razón en que éramos la generación de la play sentada en el sofá, y que nuestra protesta no tiene años de historia. Hablando siempre de la generalidad (ya que dentro del 15M hay muchos movimiento que llevan años luchando como por ejemplo el movimiento okupa), una mayoría de gente que ahora estamos implicados hace un año no lo estábamos. Por lo tanto el comentario es acertado, pero,  ¿acaso debe ser una crítica? Si gracias al 15M hoy hay en las calles y en las redes sociales mucha más movilización de la que había hace un año eso no puede ser más que bueno (buenísimo en realidad). Puede que hayamos estado demasiado callados durante los años de bonanza, seguro que es moralmente criticable que no nos preocupáramos de los problemas del mundo hasta que no nos han afectado, ¿pero acaso levantarse ahora y dejar de cometer ese error no es la solución? Aceptamos la crítica de nuestra anterior pasividad, pedimos perdón y sobretodo aportamos propósito de enmienda, hemos tomado la calle y prometemos no abandonarla.

Respecto a la opinión de la gente del 15M sobre los sindicatos, tal vez tengan razón, pero tal vez yerren el tiro al hablar de los sindicatos en general. ¿Acaso dentro de los sindicatos no existe gente con convicciones reales de cambiar el Sistema?

Creo que el problema no radica en la gente que conforma los sindicatos, de hecho tengo muchas esperanzas en que esa gente forme parte activa del cambio que se está preparando. El problema es que el Sistema ha sabido canalizar a esta gente hacía un movimiento al que con el tiempo ha ido domando, descafeinando, quitándole todo poder para realizar cambios grandes y persistentes.

No pongo en duda que los sindicatos han conseguido mejorar las condiciones laborales de una cantidad ingente de trabajadores, y sin duda creo que estaríamos mucho peor si no hubieran existido (infinitamente peor). Pero al igual que creo que el Sistema ha sabido domesticar a la democracia para que acabe siendo un gestor de lo sobrante, un sumidero de la ira del pueblo, un mero administrador que se encarga de repartir como buenamente puede lo que el patrón le concede; pienso que algo muy parecido le ha ocurrido a los sindicatos.

Igual que ocurre con Sion en la película de Matrix; los sindicatos se han convertido en el lugar donde almacenar a la gente conflictiva, la gente que no traga sin más con las imposiciones injustas de los “patronos”. Pero tal y como ocurre en el filme, Sion no es un problema para las máquinas, saben cómo manejarlo e incluso como gestionar su tamaño para que nunca llegue a ser un problema real. Al contrario, se convierte en una solución, en un lugar muy útil donde la gente que no acepta el Sistema puede dar rienda suelta a su indignación sin llegar si quiera a arañar el statu quo.

Por tanto mi conclusión es que debemos desconfiar de las cúpulas de los sindicatos, y por extensión de las decisiones que estas toman. No digo que las rechacemos frontalmente sin ni si quiera reflexionarlas, solamente que desconfiemos en un principio de ellas.

Sin embargo debemos tener claro que dentro de los sindicatos hay una masa grande de ciudadanos deseosos de cambiar las cosas, de mejorar las cosas. Debemos llegar a estos ciudadanos y sumarlos a nuestra causa (estoy convencido de que muchos de ellos ya lo están). No convirtamos esta polémica en una lucha que nos divida y que nos ponga en contra a toda base social de los sindicatos, convirtámosla en una oportunidad para unir ambos movimientos, combinemos la juventud, frescura e irreverencia del 15M con la experiencia y la numerosidad de los sindicatos.

Sumemos fuerzas para acabar con un Sistema al que, créanme, no le faltan efectivos.

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